El narrador de Las Islas se llena de recuerdos cuando visita el sitio de veraneo de sus primeros años, y mientras relata lo qué ve, melancolía mediante, también nos narra cómo son aquellos archipiélagos turcos.
Una casa de la infancia (vamos más allá, ¡un paisaje!) puede atesorar los recuerdos mejor que nuestra propia memoria. Visitar ese lugar activa el encantamiento: a nuestro alrededor se despiertan las sombras de quienes fuimos.
Al narrador de Las islas -podríamos inferir que se trata del propio Pamuk, pero la ficción mete la cola en los textos autobiográficos- le pasa eso con el sitio de veraneo de sus primeros años. Mientras conocemos qué ve, melancolía mediante, también nos narra cómo son aquellos archipiélagos turcos.
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Sobre Orhan Pamuk
A los 22 años, Pamuk terminó su primera novela, Cevdet Bey e hijos. Cuando se la mostró a su papá, amante de la lectura y la escritura, este no tuvo dudas: “Un día te van a dar el Nobel”.
Desde ese momento, escribir fue su único trabajo. Y hacerlo sobre las personas y la cultura de su país, Turquía, uno de sus motivos favoritos y por el cual, en efecto, recibió el Nobel.
A pesar de habitar en la “periferia” de los centros de producción literaria, Orhan atravesó las barreras: sus textos, de hecho, han sido traducidos a más de 60 idiomas.
Ante esa pregunta “por qué escribís”, Pamuk respondió con el discurso “La maleta de mi padre”, leído ante la academia sueca.
“(…) Escribo porque quiero escapar del presentimiento de que hay un lugar al que debo ir, tal como en un sueño, y no puedo llegar allí del todo. Escribo porque nunca he sabido ingeniármelas para ser feliz. Y escribo para ser feliz”.
La ilustración de este episodio es de Federico Raiman.


