La cena está servida y con ella la historia familiar. La víspera de Año nuevo reúne a toda la familia de Amalia quien intuye que esta vez no será una más. #PorQuéLeer “Una madre” de Alejandro Palomas (Ediciones Destino, 2014, 2019).
Somos el eco de la mano guía de papá y mamá. Sus presencias o ausencias en los primeros años de nuestras vidas repercute en lo que somos de adultos. Ando en la búsqueda de la reinterpretación de mi infancia y pesco toda lectura que, creo, podría ayudarme. Así llegué a “Una madre”, investigando la relación de otros hijos con sus progenitores, observando otras historias de amor paternal: cómo les va, cómo lo hicieron, cuándo lo agrietado se cierra…
En esta novela, Palomas nos presenta a una familia especial, tan disfuncional que funciona, por opuestos. En la cabecera de la mesa de fin de año está sentada la madre, Amalia, mujer de 65 años, recientemente divorciada de un marido posesivo, arrogante y maltratador. A su alrededor se ubican sus hijos (Silvia, Emma y Fer, el narrador), la pareja de Emma, el hermano de Amalia y los perros. Las eclécticas personalidades se van desarrollando a lo largo del libro, mientras vamos descubriendo qué hechos consolidaron a los distintos personajes. Entonces, de forma natural, conoceremos cómo Amalia es capaz de ayudar a todos a dar el siguiente paso.
“Una madre” nos permite ocupar un lugar en la mesa y asomarnos al universo familiar desde el principio. Aunque en la primera mitad del libro me enojé un poco con las actitudes infantiles, distraídas y algo superficiales de Amalia, el rol que adquiere en la segunda parte cambió mi forma de verla (y me hizo preguntar si sería verosímil que alguien tuviera tanta diferencia entre su cara A y B). El libro tarda en llegar al clímax, al hueso que estructura a la familia, pero cuando lo hace asegura páginas de emoción y piel de gallina. Los capítulos finales los leí entre lágrimas.
Palomas continuó “Una madre” con las novelas “Un perro” y “Un amor” que tal vez consiga más adelante.


